17/05/2012 OPINIÓN
Asad aguarda el momento oportuno
Autor: Jonathan Spyer
Los colegios electorales para las elecciones de la “Asamblea del Pueblo” de Siria se abrieron las 7 de la mañana. El ministro de Información el Dr. Adnan Mahmoud dijo que las elecciones se celebrarían en “un ambiente de democracia y el pluralismo”, según reportó la agencia de noticias estatal SANA.
Activistas de la oposición rebatieron su afirmación, asegurando que los recientes comicios han sido el último episodio en una campaña constante de engaños por parte del régimen, y de poca importancia; mientras el país arde en llamas.
La votación es parte de una extraña realidad alternativa que el régimen sirio trata de crear en torno a sí mismo y a la población sobre la que gobierna.
Las autoridades proclaman las elecciones como la última etapa de un proceso de reformas, iniciado por el dictador Bashar al Asad, en febrero. En ese momento, con la atención mundial centrada en la represión de las fuerzas de la oposición en Homs, el régimen celebró un referéndum sobre una nueva constitución. Asad se atribuyó el apoyo del 89 por ciento del público a sus propuestas.
Pero no hay nada nuevo en las elecciones actuales.
La Asamblea del Pueblo no es un órgano de creación reciente. Por el contrario, ha funcionado durante mucho tiempo como un parlamento domesticado, un sello de goma para los decretos del régimen. Está lleno de funcionarios cuidadosamente elegidos, que supuestamente representan a los distintos sectores de la sociedad siria.
La asamblea no tiene ningún poder real frente al poder ejecutivo y a la maquinaria efectiva del gobierno en Siria – centrada en la familia Asad y sus servicios de seguridad.
Esta vez, un número de los denominados “diferentes partidos” compitieron en las elecciones. Sin embargo, la nueva Constitución establece severas restricciones para impedir que puedan unirse en la legislatura.
Los partidos políticos no pueden fundarse en base a lealtades y afiliaciones religiosas, tribales, regionales, confesionales o profesionales, según la Constitución.
Tampoco pueden estar vinculados a alguna organización política que no sea siria.
Los Hermanos Musulmanes, los separatistas kurdos y los grupos organizados en torno a los centros de la rebelión en Homs, Hama, Deraa e Idlib han sido probablemente excluidos de participar en la elección.
Contrariamente a los informes que indican que las reformas de febrero permiten la actividad política fuera del partido Baath; el régimen de Asad sigue gobernando mediante una coalición de partidos alineados con el Baath, el denominado Frente Progresista Nacional (FPN).
La coalición incluye al Partido Comunista Sirio, al Partido Nacionalista Social Sirio, y a una variedad de grupos nacionalistas y de izquierda. El Baath es el factor dominante. Las otras organizaciones son consideradas como cáscaras vacías integradas por burócratas (appartchiks) envejecidos y partidarios del régimen.
¿Qué ha cambiado? Las fuerzas políticas de oposición – registradas como partidos aprobados por el régimen – pueden estar sin dientes – en contra del FPN en la Asamblea del Pueblo. Ocho nuevos partidos se han registrado desde las reformas de febrero. Estos incluyen el Partido de la Juventud Siria Nacional, el Partido de la Juventud Nacional para la Justicia y el Desarrollo, la Vanguardia Democrática, Patria Siria, Democrático Sirio, Solidaridad Árabe Democrática, Partisanos y Desarrollo Nacional.
En este ciclo electoral, la palabra mágico “democrático” es una presencia omnipresente. En la generación anterior, los partidos de paja de Siria se etiquetaban a sí mismos con las palabras “socialista”, “nacional” y “progresista”.
Esos títulos tenían la misma relación con la realidad que el término “democrático” en la votación actual.
Mientras tanto – como una especie de duro contrapunto a las elecciones – la lucha por el poder real en Siria continúa sin cesar.
El combate se libra entre la resuelta insurgencia, y las fuerzas militares y de seguridad leales al régimen.
En Hama, las tropas se enfrentaron con los combatientes rebeldes del Ejército Libre de Siria. En Idlib – a pesar del reciente intento sangriento de la 76ª Brigada del ejército sirio de pacificar la conflictiva provincia norteña – la resistencia ha resurgido.
En Deir al-Zor, en el este del país, tres combatientes de la oposición fueron asesinados por las tropas del gobierno.
Esta es la verdadera batalla política en Siria. Al igual que con todas las políticas reales, el tema en discusión es el poder. O bien la insurgencia logrará derrocar al régimen de Asad o la dictadura derrotará a la oposición y seguirá gobernando.
El simulacro de elecciones del régimen no afectará ninguno de estos resultados.
La farsa de las elecciones en Siria
17/May/2012
Aurora, Jonathan Spyer